miércoles, 4 de julio de 2007

Testimonio de una joven periodista

El pasado 27 de junio marcó para mí el séptimo año de ejercicio profesional como Comunicadora Social en el país. He trabajado en diarios, revistas, radio, televisión y en una agencia de relaciones públicas. Agradezco esta oportunidad única de ejercer esta carrera, y especialmente de haber podido ser periodista durante años tan cruciales para nuestra historia reciente.
Quisiera exponer algunas de mis impresiones sobre el periodismo venezolano, en un momento de amenaza a la libertad de expresión, dirigido especialmente a quienes no conocen de cerca a esta industria.
Cuando uno comienza a ejercer el periodismo todo es ilusión. Tú trabajas por la sociedad, por la verdad, por el derecho a las personas a conocer lo que sucede. Es una de esas carreras que se estudia únicamente por vocación, porque son muy pocos los que se vuelven ricos con esto. Uno de los últimos Editores en Jefe de The Daily Journal, Nigel Cumberbatch, tenía sobre su umbral una caricatura llamada “Shoe”, que se trata de un periodista flojo y su jefe, un editor amargado. El periodista le pide a su editor un aumento. Él le responde con una pregunta:
“¿Acaso olvidaste la promesa sagrada que hiciste cuando decidiste estudiar periodismo?”
“¿Cuál?”
“El voto de pobreza”.
El periodista promedio se redondea la quincena haciendo colaboraciones en otros periódicos, o cubriendo una fuente para diferentes medios.
El dinero no es el único obstáculo para conseguir la verdad. Por un lado, está el dilema centenario: ¿La verdad existe? ¿Hay muchas verdades o una sola? ¿El periodista puede ser objetivo si un sujeto con opiniones, vivencias, etc.?
Yo opino que no existe la objetividad, sino más bien la imparcialidad. El periodista está en la obligación de presentar las opiniones diferentes en torno a un hecho y más hoy con esta situación política que nos divide en dos frentes aparentemente irreconciliables. Al presentar con la mayor sinceridad posible las diferentes aristas del acontecimiento, el lector tendrá las herramientas para tomar su propia decisión.
Esto es verdad para los estilos noticiosos, aunque los reportajes, editoriales y artículos opinión, aunque enriquecidos con informaciones, tienen un fin persuasivo. Algunos reportajes pueden ser más concretos que otros, pero por su nivel de profundidad y estudio, y la manera que el periodista ordene la información y contraponga los puntos, tienden a dejar una opinión muy clara sobre el hecho.
Otro obstáculo con el que se lucha toda la vida es el de la fuente. La comunicación es poder y el entrevistado trata de manipularlo para que se transmita alguna percepción de él. Hay otras cosas que quiere esconder. Esto es normal en cualquier lugar del mundo, pero en gobiernos como el de Venezuela, puede ser realmente frustrante. Es increíble como los ministros ya casi no van a entrevistas en medios no oficialistas. Para saber la agenda del presidente hay que consultar a un babalao. Como corresponsal llamaba a Prensa de Miraflores a preguntar por él y no me sabían de decir dónde estaba, si permanecía en Caracas o había viajado. Lo más triste de todo es que estoy convencida de que ellas me decían la verdad. Prensa de Miraflores no tiene la menor idea dónde anda Chávez o qué hace durante la mayor parte del tiempo.
Tuve un jefe estadounidense en ese tiempo, recién llegado al país que no entendía eso para nada. No concebía cómo PDVSA no respondía a acusaciones de sindicatos marabinos o a señalamientos de problemas en sus equipos y procesos de producción. Nos ponía a llamar eternamente a PDVSA sólo para que nos dijeran lo mismo. No hay declaraciones. Y punto. “¡Pero llámalos, diles que está en su interés declarar!” me decía a mí e incluso a otros periodistas con años trabajando la fuente. Nos mirábamos todos a las caras y le explicábamos de nuevo que a ellos no les importaba eso. Este gobierno no tiene ningún sentido de lo que es racional. Se contradice todos los días, basa sus proyectos en ideas absurdas y mal concebidas, pero imagínate lo irracional que serán los venezolanos que lo siguen eligiendo.
Pero a pesar de esto, de los intereses de las empresas donde trabajamos, patrocinadas por empresas de las que por supuesto no podemos expresar mayores críticas, la profesión de la Comunicación es como ninguna. No seré rica, pero no cambiaría la decisión que tomé por nada del mundo. A veces extraño la segunda presidencia de Caldera y sus cadenas de 25 minutos una vez al año, pero en seguida digo qué maravilloso ser parte de esto.
Qué rico es pararte y luchar por tus derechos. Qué maravilloso es sentarte y debatir sobre el papel del comunicador, y que personas que nunca se preocuparon por un tema tan abstracto hace diez años estén marchando en la calle por la Libertad de Expresión.
No es fácil cuando te enfrentas a los adoctrinados que repiten cual pericos lo mismo del golpismo, de que ahora la televisión venezolana es de todos y que en vez de una televisión capitalista tienen una televisora de servicio social, que por cierto no le llega a los tobillos a RCTV en programación nacional.
Pero esto es lo que nos tocó y es la oportunidad para buscar de nuevo ese fin que nos iluminaba cuando éramos estudiantes llenos de ilusión: buscar la verdad, expresarla y nunca callar.

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