viernes, 6 de julio de 2007

Regresando a 1984

No hablo del dólar barato ni la moda del punkete. Me refiero a la novela “1984” de George Orwell.
Mientras que la oposición venezolana se aferra a los mensajes de “La Fiesta del Chivo” me parece sorprendente que ignoran el contenido de esta historia futurista, escrita en 1948 por un hombre quien aún preocupado por los pobres y los colonizados de su nativa Inglaterra, miraba con grandísima preocupación el crecimiento del Estado Totalitario soviético.
Esta novela pinta un mundo dominado por tres mega estados totalitarios que se han apoderado de continentes enteros… es decir, el sueño de Chávez hecho realidad. El protagonista es un hombre entrando a su mediana edad quien vive en uno de estos mega-estados de tendencia izquierdista. Mucho de lo que él describió asusta, como los niños que traicionan a sus padres culpándolos de conspiradores o de la figura de un líder cuyas imágenes están en todos lados y parece estarlo mirando a uno desde cada esquina; su nombre es El Gran Hermano.
En un momento en que Venezuela se enfrenta a una sistemática violación de todas las libertades, y en particular la de la expresión, quiero detenerme en algunas ideas sobre el control de la comunicación y el pensamiento que ejercía el régimen de Big Brother.
Para comenzar, se había establecido a lo largo de varias décadas un idioma llamado Neolengua, donde por supuesto no existen palabras como derechos, libertades, etc., y pone en positivo los elementos negativos del régimen. El lavado de cerebro es diario y comienza desde el nacimiento, cuando el niño es separado de su madre y regresa años después a su casa, más como espía que como hijo. La mujer es criada a tener asco del sexo, una manera de erradicar el amor y la pasión entre la pareja, sentimientos que podrían generar disturbios en la sociedad, donde al grupo líder le es preferible que todo el mundo se odie.
El odio es uno de los elementos más importantes para perpetuar el régimen. Si todos se odian y desconfían los unos de los otros, no pueden haber conspiraciones. Si las parejas y las familias no se unen con un criterio común, son todas unas islas fáciles de manejar remotamente. Hay una sesión al día en la que se proyectan videos con la cara de los enemigos del régimen, para que la gente descargue el malestar y resentimiento que se les acumula con una vida llena de tanta soledad.
Chávez sabe aprovechar esto muy bien. El imperialismo está en todo. En Vea, las caricaturas enseñan al Tío Sam en todas partes, a veces sin tener el menor toque de humor y astucia. Lo importante es odiarlo. Chávez ha enseñado a sus seguidores a odiarnos y les aseguro está feliz de la rivalidad entre su propia gente para mantener el control.
Por otro lado, existen unos ministerios con unos nombres tan populistas como el Ministerio del Amor (encargado de los asuntos internos, y lugar donde se torturan a los disidentes) y el Ministerio de la Verdad (donde todos los días se queman los periódicos del día para que más adelante no haya registro hemerográfico con lo cual puedan comparar la situación en declive de la economía y la sociedad).
Para Chávez esto no es muy fácil, debido a la globalización de las comunicaciones y los registros digitales. Tristemente creo que a veces ni lo necesita. Me di cuenta de esto viendo una promoción en Globovisión hace unas semanas, en las que sale Chávez diciendo que está orgulloso de ser golpista y que “aquí estamos los golpistas”, frase recibida con júbilo por sus seguidores en una concentración. Pensar que sólo pasarían dos años y medio para que se convirtiera en un insulto apto sólo para la oposición.
Big Brother sabe, al igual que Chávez, que para mantener a la gente ignorante e ideologizada, debe controlar la educación pero también el entretenimiento. Leer, por supuesto, está prohibido. La música la genera el Ministerio de la Verdad con letras que no tienen sentido, para que no surjan letras de protesta, amor o amistad. Imagínense un “Chacarrón” perpetuo. La televisión es una pantalla en la que se ve sólo la información que desea el partido, como un militar que despierta a las personas a la hora obligada para todos y les indica cómo hacer ejercicios. El propio canal ocho. Pero lo más escalofriante es que esa es el famoso “aparato de DirecTV” por donde a uno lo espían. Los hay en todos lados y sirven para vigilarte pasiva y activamente…
Lamento que este libro sea tan poco conocido para nuestra cultura, pero se lo recomiendo profundamente a los arduos admiradores de “La fiesta del chivo” y a todos los que se atrevan a ver de cerca las herramientas de hegemonía comunicacional inspiradas en el régimen de Stalin y cada vez más usadas por hombres tan hábiles en el campo como Hugo Chávez Frías.

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