La gran queja desde tiempos históricos sobre la economía venezolana, es su dependencia en un producto único de exportación, desde el cacao en la colonia, pasando por el café en la república y el oro negro en el último siglo. Los tres tienen en común una grandísima desventaja: en su momento cada uno ha sido dependiente del mercado externo y factores impredecibles, desde sequías hasta situaciones políticas adversas en el extranjero.
A pesar de los reiterados consejos de economistas, nuestro petróleo se ha usado para sembrar voluntades políticas y no para diversificar nuestra economía. Esto se vuelve más evidente en los momentos de precios petroleros más altos, como es el caso del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-9) y el actual Socialismo del Siglo XXI de Chávez.
Una de las joyas que no terminan de explotar totalmente nuestros líderes –ni los empresarios– ha sido el turismo. La naturaleza nos ha dado maravillas como el Salto Ángel y las espectaculares playas por toda nuestra costa, pero la triste realidad es que para el turista extranjero y el temporadista venezolano, viajar por el país es un verdadero calvario. Esto no se debe a situaciones enfrentadas por otros países como un clima adverso o una topografía difícil de transitar. Lamentablemente se deben a problemas puntuales que podrían ser atacados a corto, mediano y largo plazo por mejores inversiones y trabajo con las comunidades, en vez de estar regalando barriles de petróleo por toda Latinoamérica.
El turismo no es un lujo; es una industria generadora de una gran riqueza para el país, porque implica la generación de empleo y constante entrada de divisas. Incentiva el comercio y la artesanía, sectores que en otros países reciben incentivos tributarios para buscar que los viajeros estén más entusiasmados en ir de shopping. Convertir el turismo en prioridad implica mejorar la infraestructura y servicios de la zona, mejorando la calidad de vida de los habitantes, quienes muchas veces se ven obligados a aprender un segundo o tercer idioma. Pero además obliga al Estado, sector privado y ciudadanos de la zona a preservar el buen estado de la naturaleza, respetando su fauna y flora. Este tipo de atención lo he visto en Los Roques, pero muy poco en el resto del país. En la vía a oriente es común ver a personas de los pueblos vendiendo en las carreteras animales exóticos y en peligro de extinción como langostas, monos, culebras y perezas, a pesar de que la ley los protege. No he visto el primer guardia nacional o policía llamándoles la atención.
Pero quizás la mejor ventaja de enfatizar el turismo –al menos para nosotros los viajeros– es que en un lugar que vive del turismo, los pobladores se acostumbran a tratarnos con respeto, amabilidad y hospitalidad, como se ve en ciudades como Orlando o islas del Caribe como Aruba. En esta isla, los habitantes tienen cuidado incluso de manejar con total cortesía y frenan a varios metros de donde se asoma el peatón para cruzar la calle, un gesto sorprendente para una venezolana como yo, que está acostumbrada a torear carros, motos y hasta carritos de buhoneros para cruzar una avenida.
Una de las peores experiencias que he tenido ha sido durante un viaje reciente a Puerto La Cruz. Esto me motivó a hacer esta lista de algunos de los obstáculos o “espacios para crecer” en términos gerenciales. Los invito a añadir más pecados y experiencias personales.
- Inseguridad/crimen: para visitar sitios históricos (dígame el centro de Caracas), hay que ser de aquí y estar bien alerta. Nada de cadenas de oro, ni andar distraído admirando sitios históricos. Estamos en un país donde el egoísmo y la “viveza criolla” lleva a tanta inconsciencia que se trampea y se roba a los turistas, como sucedió en el tristísimo caso a inicios de este año en el que un grupo de hombres asaltaron a unos turistas suecos que se alojaban en una posada en la península Araya-Paria. No contentos con esto, violaron a todas las mujeres.
- Mala infraestructura: desde hoteles, hasta aceras, bulevares, miradores y embarcaderos, este mal hace difícil ofrecer un turismo 5 estrellas en el país. Pero definitivamente lo peor en esta categoría es el pésimo estado de las vías. En su programa de radio, Luis Chataing se burló de esto contando que durante un viaje a oriente pasó por docenas de huecos en las estrechas y oscuras carreteras hacia esa región. “Señores del Ministerio de Infraestructura: ¿qué premio me gané yo si de 3.000 huecos que hay en la carretera a Oriente, caí en sólo 1.000?” Sin comentarios.
- Servicios deficientes: Desde la interrupción del servicio eléctrico hasta el agua, y ni hablar de la falta de sanitarios limpios y en funcionamiento en las playas, esto es un verdadero reto a la vejiga, estómago y otros órganos humanos.
- Falta de información y señalización: Es increíble cómo algunas de las vías principales en el país no tienen avisos ni señalización adecuada. Más raro todavía es ver avisos en inglés o francés. Aquí no hay cultura de kioscos de información turística ni mapas, como los que existen en otros país, los cuales indican sitios turísticos, rutas de metro y bus, hospitales, etc. Aquí dependemos de empleados de gasolineras o de algún transeúnte que se digne a darle una dirección a uno. Internet tampoco resulta muy confiable, ya que pocas alcaldías y gobernaciones poseen un sitio. La información en Internet que uno consigue es hecha por particulares y generalmente ofrece información escueta de una posada o una zona pequeña del país.
- Ausencia de autoridades: los fiscales de tránsito y policías brilla por su ausencia. Es raro conseguir salvavidas en las playas, incluso cuando éstas están equipadas con una torre para ellos. La excepción son los “puentes” y otras temporadas altas como Semana Santa, etc., en los que hay un gran despliegue, pero el cual desvanece al día siguiente.
- Desarrollo sustentable 01: Estamos raspados en cuidado del ambiente, fallando en preservar las maravillas geológicas, animales y vegetales para el futuro. En Playa El Saco en Puerto La Cruz, vi con tristeza cómo las personas pescaban y lanzaban basura cerca de un arrecife con un gran potencial para viajes de snorkeling. Para mí, fue un tesoro donde a pocos metros de la playa se veían incluso peces loros y flauta. Para ellos, su jardín privado, al que podían pisotear sin importar si estuviese igual en el futuro. En los Roques tiende a haber más consciencia por el carácter netamente turístico del archipiélago, y la escasez de recursos como el agua potable. Sin embargo, siempre existen los abusadores. Un guía turístico nos contó que una reciente ministra revolucionaria del ambiente pidió langostas durante la temporada en que es prohibida su caza para incentivar su cría. Si ella es el ejemplo, no nos sorprende que algunas personas piden que se cacen a hembras preñadas por sus huevos, acabando con crías que llegarán a su madurez en 15 años.
- La mala educación: Caso patético. A excepción de Los Andes, el visitante recibe el peor de los tratos en la mayor parte del país, desde la ausencia de un “buenas tardes” hasta los monopolios de viajes en peñeros que hasta le gritan a uno. Mi peor experiencia de este tipo ha sido en Puerto La Cruz, donde ni las cajeras de automercado lo miraban a uno y fingían no oírle las preguntas. Ni siquiera los peatones respondían a las preguntas por una dirección.
Creo firmemente que este mal sí tiene una solución. Ésta requiere desviar los recursos que se está gastando en tanta politiquería para mejorar la infraestructura, servicios y el reto casi imposible para el Socialismo del Siglo XXI: ofrecer condiciones favorables para la inversión privada, incluyendo seguridad jurídica, respeto a la propiedad privada e incentivos tributarios. A los habitantes de las zonas más atractivas se les debe inculcar continuamente la cordialidad hacia los turistas, comenzando esta educación desde los primeros años del colegio.
Con estos pasos pasaremos de ser el secreto mejor guardado del Caribe a convertirnos en el rincón más codiciado de Suramérica.

1 comentario:
Lo que describe, nos describe como "cultura", la mediocridad en vez de disminuir en el tiempo está creciendo..... Creo que somos así porque somos marginales, no pobres. Una cosa es ser pobre y otra marginal....
Leer tu artículo me entristeció mucho, porque este es mi país y si queremos progresar tenemos que cambiar nuestro modo de pensar….
Te felicito por tu blog.
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