domingo, 23 de septiembre de 2007

Lolita

Pocas novelas han causado tanto escándalo como esta historia de un hombre de más de 40 que tiene un affair con su hijastra de 12. Pero a diferencia de otras novelas eróticas del siglo XX como “El amante de Lady Chatterly”, que causaron grandes críticas en su época, pero cuyo contenido es considerado bastante light en el el presente, “Lolita” causa tanto shock y rechazo al lector actual, como lo generó en los conservadores años 1950. No solamente es una historia de abuso sexual, sino escrita como el testimonio de un pedofílico, quien defiende sus acciones.
Pero a pesar de lo pesado que es el tema, esta novela es considerada una de las grandes del siglo XX, porque esta pasión del cuarentón Humbert Humbert por la pequeña Dolores puede ser interpretada a diferentes niveles.
Me gustaría echarle un vistazo a esta novela en dos niveles: primero, el obvio tema de la pedofilia; segundo, algunas de las interpretaciones que han hecho de esta novela un título de obligatoria lectura en la literatura estadounidense. Les advierto que para hacerlo, tendré que hablar de cómo termina la novela. La historia puede ser familiar para quienes hayan visto la película homónima de mediados de los 1950 dirigida por Stanley Kubrick (y co-escrita por el autor de “Lolita”, Vladimir Nabokov), o la versión más reciente de ésta protagonizada por Jeremy Irons y Melanie Griffith.

I.

“Lolita” es una “historia de amor” o mejor dicho, una historia de una pasión que consume toda la existencia de un profesor universitario francés llamado Humbert Humbert: el deseo que sólo le incitan las niñas de entre 9 y 12 años, en sus primeros años de la pubertad. Para el mundo exterior, frente al cual no ha dado señales de esta obsesión, él es un hombre respetable, con algunos romances con mujeres adultas, pero a las cuales nunca puede amar ni profundamente desear, porque siente asco por sus curvas. Detrás de esta mascareta está un hombre que desde púber se siente atraído por las pequeñas “ninfas” como las llama. Como muchos pedofílicos de la vida real, él interpreta las actitudes infantiles como intentos de seducción de las niñas, como cuando ellas juegan con un aro en la cintura, viviendo un estado de delirio continuo. Él vive en un estado de frustración sexual hasta que un día, mientras que está viendo una habitación para alquilar en un pequeño pueblo de Estados Unidos, se percata de que la viuda dueña de la casa tiene una hija de unos 11 años, llamada Dolores.
Lolita es un personaje bastante complejo, porque aunque está apenas comenzando la pubertad, es una coqueta perdida y usa este poder sobre Humbert, sin sospechar cómo podría resultar la cosa. A ella le gustan los hombres mayores y sabe cuándo ellos gustan de ella. Ella tiene una relación conflictiva y de rivalidad con su madre, y cuando Humbert se casa con la segunda, es evidente que él está tomando el lugar del padre del que Lolita carece. Estoy convencida de que el posterior affair con el dramaturgo Quincy es una complicación de esta carencia y producto del abuso de Humbert. Lolita, una niña que se siente sola y con la rebeldía y osadía típicas de la adolescencia, se vale de su sensualidad para lograr el afecto de Humbert y de otros. Al morir la madre de ella, Humbert la busca en su campamento de verano y sin decirle lo que ha sucedido, se la lleva a un hotel con la intención de drogarla y abusar de ella, pero se lleva la sorpresa de que ella es la que lo seduce a él, enseñándole un “juego” que compartió con un chico en el campamento. No es que ella sea la hija del domonio, ni una chica con una mente retorcida, sino que como tantas muchachas de 15 y 16 que recorren el San Ignacio con unos escotes que no se atreverían a usar las de 20, ella está comenzando a sentir su sexualidad y a usarla sin medidas para llamar la atención –y probablemente vengarse de su mamá, con la que tiene una relación bien conflictiva.
Pero como tantas adolescentes que se inician sexualmente a una edad muy temprana, ella no se imagina en el paquete que se está metiendo, y menos con quién lo está haciendo. Humbert sacia con ella una vida de deseos, llevándola de motel en motel y obligándola a mantener relaciones con él varias veces al día, amenazándola con abandonarla si ella no accede. Como ella no tiene más familia ni dinero, no le queda más remedio. Por toda esta viajadera por Estados Unidos, Lolita pierde un año escolar y Humbert le prohíbe hablar con más nadie, quitándole la oportunidad de tener una vida social.
Cuando leí esta novela, me recordé de un reportaje que leí en The New York Times sobre la pedofilia en Internet. El periodista se hizo pasar por uno de ellos en chats y foros, y una de las cosas que descubrió, es que ellos lo que más buscan es justificar sus acciones como un favor que le hacen a los niños, quienes desean tener una interacción sexual con los adultos, pero están obstaculizados por adultos quienes no entienden esta necesidad. Existen partidos en Europa a favor de los “derechos sexuales de los niños”. El periodista preguntaba lo que haríamos todos: ¿cómo es posible que ellos no se dieran cuenta de que los niños no quieren tener sexo a los 3, 7, 11 años y que lo que ellos hacen está mal?
Algo similar le sucede a Humbert. Sólo llega a percibir la infelicidad de Lolita años después, recluido por asesinar a un rival. Comienza a recordar la cara de ella cuando tenían relaciones. Ella estaba distante, tratando de no pensar en lo que pasaba y cuando él la buscaba de nuevo ella decía: “¡oh no, otra vez no!” Pero saciar sus deseos era más importante, y llegó al nivel de pensar –una vez que Lolita comenzó a tomar el “horrendo” cuerpo de una mujer a los 14– en utilizarla para engendrar otra Lolita en el futuro.

II.

Con este tema tan repulsivo, ¿por qué Lolita es considerada una de las novelas estadounidenses más importantes del siglo XX?
En principio porque la manera en que está escrita tiene una grandísima riqueza. Además de la historia “de amor” central, y la manera en que este personaje describe a su amor es rico e innovador, existe además un nivel de suspenso y misterio, gracias al personaje del dramaturgo Quincy. Los personajes principales, incluyendo la madre de Lolita, están tan bien dibujados y creíbles, que nos atrapan a esta historia incluso cuando la despreciamos.
Otro ingrediente irresistible es el contraste entre Humbert y Lolita como personajes. Él es un hombre culto y de profundas pasiones. Ella es una adolescente como muchas, de poca paciencia, pendiente de las banalidades y tan tonta como para tomar como cierta cualquier publicidad que se le pasara por delante.
Christaine Zschirnt, autora de “Libros: Todo lo que hay que leer”, llama a esta novela una “declaración de amor a la literatura” por las constantes citas a grandes autores de la modernidad como Edgar Allen Poe, Flaubert, Proust y Joyce. Más aún, declara que Lolita, es la Beatriz de Dante o la Laura de Petrarca, niñas mujeres que eran idealizadas por estos escritores del renacimiento.
Yo interpreto este romance de dos maneras. Por un lado, el amor de un hombre mayor y culto como Humbert por una joven banal pero cautivante como Lolita es la pasión del viejo continente por la cultura pop estadounidense que lograba un imperio como nunca antes en la década de los 1950.
Lolita también es una historia de amor como muchas, en las que el objeto de nuestra pasión nos roba todos los sentidos, nos lleva a cometer actos más allá de nuestros límites. La pasión de Humbert es tan fuerte que destruye todo por su paso y lo deja marcado para siempre. ¿Cuántos de nosotros podemos decir que no hemos vivido un amor así?

Ficha técnica
Título: “Lolita”
Autor: Vladimir Nabokov
Año: 1955
Género: Ficción/ romance
Idioma original: inglés

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