lunes, 26 de mayo de 2008

Próximo paso: MBA en Canadá

Hoy por fin me siento libre de contarles algo que he estado guardando por tantísimo tiempo: En Julio me voy a estudiar mi posgrado en Canadá.

Si Dios quiere en Julio comienzo unos cursos previos a mi MBA, en el que pienso especializarme en Mercadeo y Negocios Internacionales, aunque también estoy considerando especializarme en Desarrollo Sustentable. Es una tremenda oportunidad, para la que he trabajado muchísimo y me alegra que además de haber sido aceptada en esta y otras universidades, estoy entrando también con una buena beca.

Pero lo que quisiera hacer en este espacio es contarles por qué me voy…

Primero, no estoy huyendo de Chávez, aunque admito que la situación política del país, así como la delincuencia y las interminables trabas económicas para una pareja joven (precios de apartamentos, alquileres, etc) definitivamente ayudan.

En mi caso – y en el de mi esposo también – vivir en otro país sencillamente siempre ha sido un plan de vida. Yo me crié fuera de Venezuela y me acostumbre a vivir en distintos ambientes y a tener amistades nuevas cada cierto tiempo. Viví en Europa, en una cultura con valores completamente diferentes. A veces los holandeses podían parecer fríos. Pero de ellos aprendí el amor por lo compartido: jardines, aceras, edificios públicos, etc. También aprendí que respetar las normas es algo que sencillamente tiene sentido, más allá de temer una multa. Aprendí también la armonía que existe cuando uno vive sin tantos prejuicios en temas como la homosexualidad, concubinato, maternidad tardía, etc. Aunque es importante decir que los países europeos son increíblemente proteccionistas de su identidad y es triste ver que sólo un par de décadas después temen a los inmigrantes a tal nivel, que Holanda es el país con leyes más estrictas de inmigración en todo ese continente.

Desde hace un par de año siento que terminé un ciclo. Vivir en Venezuela me hacía falta en mi adolescencia. Aprendí a ser “viva”, que aunque parezca algo despectivo y egoísta, también es una habilidad que engloba habilidades tan importantes como la solución rápida y creativa de solución de problemas y la negociación (si no me creen, vean como la gente regatea con los policías cuando los agarran cometiendo una infracción). También aprendí a ser super “pilas” con mis cosas y con mi seguridad, al extremo de la paranoia. Sé moverme en una ciudad donde la vialildad está colapsada, a conseguir direcciones como “la calle frente a la iglesia”, “diagonal al polideportivo”, “de Pelota a La Gata”, etc. La clase de supervivencia en el Metro, particularmente, me preparó para situaciones extremas en cualquier lugar del mundo.

Pero ya ese ciclo se acabó. Siento que necesito que regrese el péndulo, volver a la otra mitad de mí misma. Quizás suene extraño para muchos de ustedes, pero será completamente comprensible para quienes hayan vivido en culturas muy diferentes durante su vida. Por un lado me siento muy venezolana. Entiendo chistes que solo un venezolano entiende. Llamo a un amigo “negro” sin sentir que lo estoy insultando – aunque admito que me tomó varios años para lograrlo. Pero al mismo tiempo veo las contradicciones de nuestra cultura. Es increíble como las mujeres pelean para que las traten como a unas cosas, y de verdad les orgullecer estar “buenas”, mucho más que ser líderes empresariales. La flojera y la actitud de queja del venezolano son proverbiales: hasta los más ricos y con buenas carreras prefieren comprar su plasma que ahorrar, y después culpan al gobierno, el país, etc. de por qué nunca tienen plata para nada.

Desde bachillerato sabía que quería estudiar mi educación superior afuera. Decidí no hacerlo en mi pregrado, pero ahora estoy lista para hacerlo en mi posgrado. Además con una carrera como la de negocios, será un placer vivir en un país donde lo global importa; vivir en Venezuela es estar ahogado en el acontecer del país y no te da chance de pensar más allá de este continuo conflicto político- social. Como me sucedió en Venezuela, quiero aprender nuevas habilidades en esta etapa de mi vida, una nueva manera de relacionarme con los demás y con los problemas.

Pero nunca quiero estar ajena a todo esto. Es verdad que a veces cansa mucho el problema de este país. Es sumamente agotador. Pero además de ser el país y hogar de una buena parte de mi familia y de muchos amigos, también es un país excepcional, con un potencial infinito de desarrollo y cuya situación nos dejará grandes lecciones.

Les seguiré contando más de mis experiencias…