Hace unos años comentaba con unos amigos, que a diferencia de muchos venezolanos, yo he leído muchos títulos de literatura estadounidense y europea, muchos más incluso que de autores latinoamericanos. Ellos me pidieron que les recomendara algunos títulos. He decidido compartir esto con ustedes y lo voy a dividir en tres partes: EE.UU., Inglaterra y Francia.
Sin embargo, quiero aclararles que en vez de recomendarles las novelas más famosas de cada país, quiero simplemente recomendarles algunos títulos que realmente me han impactado.
Comienzo con Estados Unidos. En vez de “Moby Dick”, “La Cabaña del tío Tom” o las novelas de Hemingway, quiero recomendarles algunos títulos que realmente siento que reflejan la cultura estadounidense: sus principios morales, conflictos raciales y otros puntos álgidos que explican por qué ellos son como son hoy.
1. La letra escarlata (1850) Nathaniel Hawthorne
La historia, en sus rasgos más sencillos, es bien conocida: una mujer puritana durante la época de la colonia comete adulterio y le obligan a cargar una letra escarlata (la “A” de Adúltera) en su pecho como un castigo. En la más reciente adaptación de cine, con Demi Moore, esta idea básica es torcida por los autores y mezclada con “Las brujas de Salem” para terminar con un fin romántico como tantas películas de Hollywood. Pero en realidad, no recomiendo esta película porque deja a un lado la lección más importante de la novela original: el sentimiento de culpa y de penitencia de la protagonista, Hester Prynne.
A diferencia de los católicos, quienes tenemos siempre la opción de la confesión y la penitencia para redimirnos de nuestros pecados, los puritanos (como otros protestantes) creían que cualquier pecado conducía directo al infierno. La sociedad no perdonaba a nadie, de la misma manera que ellos creían que Dios no perdonaba. No lo hacían por crueldad, sino que veían a los católicos de su época como personas que se burlaban de Dios al cometer todos los pecados que les daba la gana y sentirse perdonados por pagar indultos o rezar algunas oraciones. En la sociedad puritana, no se permitía bailar y las relaciones sexuales sólo se permitían entre parejas casadas y sólo para la reproducción.
El luto era guardado con mucho celo. En esa época de la colonia, cuando eran comunes las desapariciones de las personas en los bosques o en los mares, si un hombre desaparecía, la mujer debía guardar luto por siete años antes de tener una pareja nueva. Esto le pasó a Hester. Su marido, un viejo de creencias muy estrictas con quien se había casado por obligación, desapareció en una misión en una lejana colonia del nuevo mundo. Ella se enamoró del reverendo y terminaron haciéndose amantes. Salió embarazada y causó un escándalo en el pueblo. Su pecado, además de la fornicación (es decir, el sexo por el simple placer de tenerlo) era el adulterio. Todo indicaba que su marido había muerto, pero faltaban años para cumplir los 7 obligatorios para tener un nuevo matrimonio. Para obligarla a confesar el nombre del hombre con quien había pecado fue lanzada a la cárcel embarazada. Pero ella nunca confesó. Finalmente la dejaron salir pero como castigo fue echada del pueblo y obligada a vivir con muchas dificultades en las afueras de esa colonia con su bebé, quien además parecía poseída por el demonio. Ella estaba obligada a ir al pueblo a buscar comida y otros bienes, porque la colonia más cercana en ese nuevo territorio quedaba a cientos de kilómetros. Debía en todo momento llevar la A en ese color del demonio y recibía insultos y piedrazos.
Pero el peor castigo de todo, y lo más valioso de esta historia, es el peso de la culpa y la vergüenza de Hester. Ella sufría por el desprecio de la gente, pero también por el desprecio que ella se tenía a sí misma. Pasaron años y muchos sufrimientos, y ella se convirtió en enfermera y trató a todos con humildad y bondad. Tanta fue su caridad y buen comportamiento, que años más tardes todos la perdonaron y le permitieron quitarse la letra. Pero ella nunca se perdonó a sí misma y siguió viviendo en las afueras del pueblo y con la letra escarlata en su pecho hasta el día de su muerte.
Aunque Hollywood pinte una moralidad muy distinta para el estadounidense, en el corazón de esa cultura existe este sentimiento de estoicismo. Mientras que el venezolano se queja de todo y siente que pase lo que pase va a resolver y conseguir cómo complacerse, el estadounidense es criado en una cultura donde el sacrificio y la autoexigencia son enseñados desde la niñez. Estoy segura de que nadie hoy en día llevaría en el pecho una marca de un pecado, pero si vemos a los estadounidenses, ellos sienten más las decepciones económicas y políticas. Mientras Luscinchi andaba con la Blanca Ibañez haciendo de las suyas en este país a mediados de los 80, una década más tarde, un amorío de Clinton hizo estremecer a la Casa Blanca.
2. Uvas de la Ira (1939) John Steinbeck
Esta es quizás una de las mejores novelas estadounidenses de todos los tiempos. Para una mujer joven venezolana, que no ha visto en Estados Unidos sino un país poderoso y rico, leer esta novela fue una experiencia asombrosa y conmovedora. La novela ocurre durante la Gran Depresión de Estados Unidos. En 1929 explotó una gigantesca burbuja en el mercado de valores estadounidense. Ricos y pobres por igual quedaron en la calle. Presidentes de empresa se suicidaban o vendían manzanas en la calle. Pero en el campo la situación fue peor.
Esta novela cuenta la historia de una familia campesina, que sólo consigue esperanza de sobrevivir si se muda a California, de donde venían historias de prosperidad. Con sólo un carro y algunos peroles se dirigen hacia el oeste. Pero como una historia de un inmigrante ilegal a Estados Unidos hoy en día, ellos sólo pasan dificultades. Lo más maravilloso de este libro son los retratos de las personas que se consiguen, ignorantes pero trabajadores y con sueños. Y siempre existen los vivos y los que los manipulan para enriquecerse, pero al mismo tiempo perpetuan la miseria. Leyendo esto descubrí por qué a los invasores los llaman “squatters”. “To squat” es sentarse en cuclillas. Así se sentaban los campesinos. Al llegar a California no consiguieron la calidad de vida con la que soñaron, sino que tuvieron que crear rancheríos improvisados con pedazos de madera, cartón y latón en territorios invadidos. Morían de hambre y de enfermedad.
No se puede entender a la sociedad estadounidense sin entender este período en su historia. Su obsesión por el dinero viene de su temor por haber caído en una pobreza tan grande. Recordemos que por esos años, un bolívar valía 4 dólares. Pero Estados Unidos logró consolidarse otra vez y sigue siendo el país más rico del mundo…
3. El Color Púrpura (1982) Alice Walker
Los gringos tienen un dicho para la persona más débil de un grupo o de la sociedad “bottom of the food chain” o el menor en la cadena alimenticia. A inicios del siglo sin duda, el escalón más bajo, abusado y despreciado, era el de la mujer negra.
Alice Walker, quien ganó un premio Pulitzer con esta novela, describió a una mujer desdichada como ninguna. Violada por su propio padre, obligada a regalar a los hijos de este incesto y casada con un hombre borracho que le pegaba, Celie tiene una vida peor que la de un perro. Pero aunque parece deprimente en exceso, para mí esta novela es una reafirmación de la fuerza femenina, un ejemplo de la vida de los negros en Estados Unidos y un tributo a la fuerza del alma humana, la cual realmente sí puede salir vencedora a pesar de todo.
Los otros personajes son sencillamente inspiradores: la hermana de Celie, una luchadora como ninguna; su nuera, quien se levanta ante el esposo que le pega; la novia de su esposo, Shug, quien le enseña a disfrutar de su sexualidad y sobre la verdadera imagen de Dios. Celie, como muchos negros, veían a Dios como el hombre blanco y poderoso pintado en las biblias e Iglesias. Aprende de Shug que Dios puede ser un hombre o una mujer negra, la luz del sol sobre el campo o la felicidad que siente al ver el color púrpura…
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No dudo que pueden aprender mucho y disfrutar de otros títulos más célebres de la literatura estadounidense, pero les pido que no se pierdan estos. Quizás no son los primeros que consigan en una librería, pero si los logran leer, estoy segura de que estarán de acuerdo conmigo de que son verdaderos tesoros.
sábado, 22 de marzo de 2008
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