lunes, 24 de noviembre de 2008

Ganamos el 45% de la poblacion... y ahora es que tenemos trabajo por delante

En este momento, una buena parte de la población está celebrando. Tienen todo el derecho de hacerlo. Pero no sientan que hemos ganado nada.... Este es el primer paso de la etapa de más trabajo que vamos a tener en esta etapa de nuestra historia. Para los que no estamos de acuerdo con Chávez y su manera de gobernar, les recuerdo que la gran parte de los votos con los que ganaron los candidatos de oposición se deben más a los chavistas (o mejor dicho, a los que tradicionalmente han votado por el chavismo) que a quienes estamos en contra de él por convicción.

Chávez puede lamentarse por muchas cosas: por la Ley Sapo que le costó popularidad; por el paquetazo, lanzado en contra de la voluntad popular; por los constantes apagones, etc. Pero recuerden que un voto contra él (no en favor de la oposición) es algo de un momento. Mañana él podría ganárselos de nuevo regalando plata.

Lo que tenemos que hacer nosotros, los de la oposición, y sobre todo los nuevos alcaldes y gobernadores, es demostrarles a las poblaciones de los nuevos estados opositores que votar por ellos ha sido lo mejor que pudieron haber hecho, así lo hayan hecho por despecho contra los otros. Mi recomendación es que comencemos desde hoy mismo a pensar en estos puntos:

1. Conocer mejor a los habitantes. ¿Qué mejoras realmente necesitan las poblaciones de estas áreas? ¿Infraestructura? ¿Menos criminalidad? ¿Mejor transporte público o menos tráfico? Esto lo debemos hacer hablando con las personas. Con encuestas, focus group, o sencillamente hablando con líderes de barrio, personas apreciadas por la comunidad que hablan muchos con otros y nos saben decir qué sienten... ganamos doblemente así porque también hacemos sentir importantes a estos líderes informales y ellos hablarán bien de nosotros a sus vecinos.

2. Debemos hacer una lista de prioridades basados en IMPACTO. Tenemos poco tiempo y tenemos que hacer algo que la gente pueda ver y tocar. Los cambios estructurales que no se ven, no nos van a servir si no ganamos popularidad. Si no ganamos la próxima vez, todo lo que hicimos se echa a perder.

3. Tomar acción. Tenemos que realizar presupuestos viables y realmente hacer los proyectos. Inicialmente podemos buscar soluciones de alto impacto y poco tiempo de implantación para que la gente vea el cambio desde el principio: Seguir el ejemplo de Chávez y de Irene Sáez, quienes causaron impacto con cambios de imagen y pequeñas mejoras de alto impacto...

Chávez va a hacer lo imposible para sabotearnos. Nos va a tratar de bloquear presupuesto y tratará de salir con otros temas legales, como lo que hizo con Leopoldo López. Pero nosotros tenemos mucho a nuestro favor. Tenemos gente muy preparada y diferentes puntos de vista con qué enriquecernos. Tenemos recursos muy variados, desde personajes populares, medios de comunicación y grupos de gran valor simbólico como los estudiantes. Sobre todo, tenemos un sentido de unión, en vez de la división que ha tratado de sembrar Chávez en todos estos años.

En conclusión, estamos frente a una oportunidad única. Aunque una buena parte de los votos a favor de la oposición sean votos castigo contra Chávez, tenemos el reto de demostrarles que votar por la oposición ha sido lo mejor que han hecho por el país. Lo lograremos conociendo sus verdaderas necesidades y llevando a cabo cambios que causen verdadero impacto. Tendremos muchos obstáculos por delante, pero tenemos muchos recursos de nuestro lado... !Vamos a aprovecharlos!

jueves, 14 de agosto de 2008

Instalada en Vancouver

Hola Amigos!

Siguiendo mis blogs anteriores, les quiero contra sobre mi nueva vida.

Vivir en un país nuevo no es nada fácil… Significa aprender nuevas normas y leyes, seguir diferentes costumbres y no tener a tu lado a la gente a la que estás acostumbrada. Pero eso sí, no hay nada como comenzar de nuevo en el primer mundo, donde el transporte público funciona a la perfección, todo se puede averiguar o hacer por teléfono y los servicios funcionan perfectamente… incluso los públicos.

Ya tengo 3 semanas aquí y estoy segura que nunca las olvidaré. Tengo la suerte de estar llegando como estudiante y a un postgrado como el MBA, donde las conexiones son tan importantes. He tenido ayuda para todo. Desde ir a hacer mercado, hasta para armar mis muebles y mudarme. Siempre tengo a quien llamar para pedirle ayuda o consejos, amigos con quienes hablar y disfrutar de un rato en un pub, algo que ya he hecho varias veces. Me da risa de ver como las noches en un pub para hacer relaciones de trabajo o “networking” están dentro de los horarios de clase.

Me encanta tener amigos de tantas culturas. Gracias a ellos no me he sentido sola para nada. Disfruto de sus intentos junto a mí de acostumbrarnos a un nuevo país y estilo de vida. Los canadienses son super cálidos (yo esperaba que fueran fríos como los holandeses) y hasta los extraños en la calle son maravillosos cuando uno está perdido o necesita ayuda. Lo mejor de todo es que aquí, como en Caracas, las montañas quedan al norte de la ciudad, así que es fácil orientarme… es casi instintivo. Las montañas aquí (aunque en Vancouver estamos al nivel del mar) son altísimas e incluso ahorita que estamos en pleno verano se ve nieve en algunas de ellas. Para final de año seguro estará nevando allá arriba y pienso ir a esquiar. Hace unos días estuve en Grouse Mountain, una montaña cercana donde se esquía en invierno y se pasea en verano, y había hielo todavía…

El clima ha sido maravilloso. Algunos días hace tanto calor que salgo en shorts y estoy pasando los días libres en la playa. No son Morrocoy ni Mochima, pero es rico sentir la arena y estar bajo el sol, mirando los cruceros, yates y a la gente manejando en kayak. El agua no es tan fría. Los bañistas disfrutan mucho meterse en el mar… en traje de baño o incluso desnudos (hay una playa nudista en la universidad). Ir a la playa nudista fue lo máximo. No me atreví a hacerlo todavía, entre otras razones porque la brisa estaba muy fuerte y estaba congelándome. Pero es chévere ver a la gente tan relajada y feliz. Es completamente diferente que ir a la playa en Venezuela. Para comenzar, aquí no se puede beber alcohol en la playa. En la playa nudista, la gente no anda pendiente de las apariencias ni anda pendiente de lo que está haciendo la persona de al lado. Es verdad que ahí van los hippies y la gente más liberal (la mayoría de las playas aquí no son nudistas), y es chévere ver lo libre que se sienten. También da risa verlos jugar volleyball de playa en pelotas jaja!

Lo que más me ha ayudado a adaptarme ha sido el grandísimo apoyo de todos aquí. Hasta los extraños en la calle están dispuestos a ayudarme a cargar algo pesado, ayudarme a orientarme o hacerme sentir más cómoda. Y sobre todo le debo muchísimo a mis compañeros y a los profesores/empleados de la universidad. Desde el día que llegué me han dado tips de supervivencia, me han acompañado a hacer diligencias, me han ayudado a armar mis muebles, ver apartamentos, ir al banco, hacer mercado (sin el carro de Joanna no lo pude haber logrado), etc. Cuento con ellos para compañía y diversión, consejos, y ayuda física. Les deseo a todos tener una red así, especialmente si están comenzando desde cero en un nuevo país donde no conocen a nadie (los contactos los comencé por un foro en el intranet de la uni y Facebook).

Ya tengo bicicleta y como aquí es tan seguro (no hay tantos robos y las personas manejan con muchísimo respeto hacia el peatón y el ciclista) la uso para ir a playa o pasear. Hay muchísimos parques y la naturaleza está en todos lados. Si uno quiere ir a un parque un poco más lejos, los buses tienen un “rack” que se baja para poder montar bicicletas. Ir al mercado es sabrosísimo! Hay mucha variedad de frutas, verduras, y ni imaginar la comida empaquetado. Es difícil decidir entre variedades Light, enriquecidas, integrales, orgánicas, locales, etc. Como es una ciudad tan multicultural se encuentra todo tipo de ingredientes para comida tai, china, etc. Regresando con el tema de la naturaleza, les cuento que incluso se ven focas en la playa… yo vi unas a unos pocos metros de la orilla y estaba demasiado emocionada…

En fin, estoy muy contenta de esta decisión que he tomado y sé que en los próximos meses me esperan muchas experiencias que no voy a olvidar nunca. Estoy segura de que estas semanas que he pasado siempre estarán entre las mejores de mi vida.

lunes, 14 de julio de 2008

Haciendo las maletas…

Estoy a poco tiempo ya de montarme en el avión que me llevará a mi nuevo hogar. Aunque desde hace meses he esperado este momento, nunca parece tan palpable como ahora. Para cualquier persona que piensa hacer un viaje como el que hago yo, indefinido o de muy largo plazo, la verdad es que realmente comienzas a darte cuenta de las dimensiones de tu decisión cuando haces las maletas.
Es difícil decidir qué llevar y qué dejar. Los costos de transporte son tan costosos, que llevar una mudanza sólo es posible si tu empleador te lo está pagando o si tienes muchísimo dinero. Por eso muchos inmigrantes a Canadá llegan con una mano adelante y otra atrás, como se dice. Yo voy así, con lo que me permite la aerolínea. La verdad es que no es fácil para nada. El alto precio del combustible hace que las aerolíneas restrinjan más que nunca el equipaje, y tanto la cantidad como el peso y las dimensiones son muy estrictas.
Estoy viendo como al lado de las maletas quedan torres de ropa, maquillaje, cremas Victoria Secret, libros, y artículos de casa—algo que me duele particularmente porque casi no las hemos usado en este año y piquito que llevamos casados.
Pero más que unos vestidos y juegos de cubiertos, lo que realmente me ha pegado es darme cuenta de las otras cosas que no puedo llevar conmigo. Mi mamá, sentada a mi lado aconsejándome sobre el equipaje. Mi papá mirando desde un poco más allá. Mi hermana, el resto de mi familia extendida, la familia de mi esposo, mis amigos… las memorias de todos están impregnados en esas tantas cosas que llevo y en las que tengo que dejar.
Es el momento en que me doy cuenta de que ellos no estarán ahí cada vez que quiera ir a almorzar con ellos ni cuando me enferme. Sé que con la tecnología de hoy será fácil llamarlos en cualquier momento o incluso verlos con la webcam. Pero nuestros recuerdos llegan a un punto de divergencia. Sus recuerdos del día a día: viajes a la playa, días especiales, etc., ya no serán conmigo. No estaré para la graduación de mi hermana ni Navidad, ni para los cumpleaños. Mis recuerdos tampoco serán con ellos. Después de este cumpleaños será difícil saber cuándo volveré a soplar las velas con ellos a mi lado. Yo tendré recuerdos nuevos con gente nueva… pero todo será diferente.
No crean que estoy arrepintiéndome de ninguna manera. Cuando pienso en Vancouver me lleno de emoción y sé que seré muy feliz allá. Estoy segura de que si Dios quiere estas personas a quien tanto quiero me acompañarán aunque sea por pocos días o semanas en los próximos años. Quizás compartamos las navidades esquiando cerca de Vancouver y quizás pase un cumpleaños cercano aquí en Morrocoy o en Los Roques en unas vacaciones mías.
He descubierto que lo más importante de todo es saber lidiar con lo que llaman los gringos “Emotional baggage” o “equipaje emocional”. Todos esos recuerdos, temores o rencores que llevamos con nosotros por experiencias pasadas. Es como el hombre que ha sido traicionado por una mujer en el pasado y que luego se la pasa celando a todas las mujeres con las que vuelve a salir. Eso es algo que no podemos llevar con nosotros. Todos los que han emigrado o piensan en hacerlo me entenderán. Cuando uno decide irse de Venezuela para siempre, y más en esta situación política que ha sacado lo más feo de nosotros –odio, resentimiento y falta de comprensión y hermandad– uno se llena de una especie de rencor hacia este país. Rencor por no tener los mismos derechos que los chavistas; rencor por no poder caminar por la calle sin andar paranoico; rencor porque mi pasaporte, el pasaporte de MI PAÍS, dura menos que la visa de EUA, un país que trata a los extranjeros con la punta de los pies y le pide a uno hasta el certificado de vacunación del perro para darle a uno una visa. Uno llega al extremo de no querer salir, no querer ver las noticias, no querer estar aquí. Yo he llegado muchas veces a ese extremo, pero después trato de centrarme y darme cuenta de que así no me puedo ir. Es como dejar la carrera por rabia contra un profesor. Una decisión tan importante no puede tomarse basada en la ira y en la irracionalidad.
Para mí, lo que más me ha afectado es sentir a veces que no entiendo nada aquí. Fui periodista por mucho tiempo y me sentía encima de todo, como si entendiera la lógica de Chávez y su combo, de la oposición y todo lo demás. Pero desde que pasé al lado corporativo, decidí por mi salud y tranquilidad distanciarme un poco de las noticias y ahora sólo reviso periódico o noticias web una vez al día (cuando era periodista era un seguimiento continuo de TV, radio, web, etc). Sigo al tanto de lo que sucede, pero no hago tanto esfuerzo en aprenderme los nombres de los ministros, etc. Tampoco hago un esfuerzo por tratar de conseguirle algún sentido a Chávez. Es demasiado difícil. Últimamente siento como si Venezuela o para ser específica, la política venezolana (que permea todo en nuestro país desde que Chávez se montó en el poder), es algo lejano e incomprensible. Como el pez loro que vi tantas veces en Mochima el mes pasado, pero que cada vez que me acercaba a él, salía huyendo. Bello y único, pero más allá de mi alcance, del alcance de mi comprensión.
Pero por fin hice las paces con esto. Me senté a ver mi país, que pase lo que pase siempre será el lugar donde nací y el que más me ha marcado. Será el país donde aprendí a hablar, a caminar, a rezar, a cocinar. Es el país donde me enamoré y donde nació mi esposo y toda mi familia… hasta mi perro. Tiene cosas tan hermosas que siento escalofríos de sólo pensar en ellas… también cosas terribles, como el crimen, como los valores tan pobres de los venezolanos, de los cuales el peor es el egoísmo (su mejor exponente es la viveza criolla- aunque como han visto en blogs anteriores, es también una ventaja competitiva nuestra). Pero para poder irme con paz espiritual necesité hacer algo más que eso. Pensando racionalmente, alejando esos recuerdos de los disgustos que he tenido en los últimos años, tuve que admitirlo: Aquí puedo ser muy feliz. Aquí sería muy feliz. Aquí siempre tendré futuro, tanto profesional como personal. Si las cosas fueran diferentes, mi camino aquí en Venezuela también estaría lleno de éxito y de buenos momentos.
Quise compartir esto con ustedes porque me imagino que para los que han emigrado han pasado algo así. Para los que piensan emigrar, se los dejo para que lo tengan en cuenta. Para quienes decidieron quedarse aquí y luchar por la democracia y el desarrollo económico del país, para que entiendan que esto de irse no es así tan fácil y que tenemos más cosas en común de lo que piensan…

domingo, 29 de junio de 2008

Consejos para los que deciden irse del país…

Desde que monté el blog del 26 de mayo, ha sido sorprendente la cantidad de personas que me han hablado sobre su interés o incluso planes concretos para emigrar. Un buen número está considerando Canadá, por razones muy parecidas a las que tuvimos mi esposo y yo para escoger ese país: su aceptación de inmigrantes, relativa cercanía a Venezuela (el vuelo directo a Toronto son 7 horas más o menos), y la multiculturalidad de ese país.
Quiero compartir con ustedes que lo han pensado o quienes lo están considerando, algunas experiencias personales sobre la emigración.
Primero que todo quiero develar un mito: la gente piensa a veces que los que nos vamos del país estamos escogiendo el paso más fácil, en vez de quedarnos a luchar para nuestro país. Les digo que irse es en realidad el paso más difícil de todos. Bien que mal, Venezuela es nuestro país y aunque no sea el trabajo ideal, podemos conseguir uno sin mayores problemas. No tenemos que hacer procesos largos para pedir permisos de empleos ni restringir nuestras labores. Si nos graduamos aquí, no tenemos que hacer reválidas, ni aceptar trabajos por debajo de nuestro nivel de experiencia sólo porque no tenemos “experiencia canadiense”.
Tener a la familia cerca, a los amigos de toda la vida, la playita, lo conocido, siempre es un alivio, incluso para quienes no estamos de acuerdo con la dirigencia política y quienes vivimos las terribles consecuencias de la inseguridad.
Una vez una amiga me mandó un email cadena que se llamaba algo como “quiénes no deben emigrar”. Ponía ejemplos: Si usted es de esos que se lo pasa en casa de su mamá y con sus primos y no puede vivir sin ellos, no emigre… Si a usted le encanta andar con sus panas, no emigre… Si usted no puede vivir sin una playa y sin su polarcita, no emigre… etc. ¿Todo esto parece de cajón, verdad? Bueno, la verdad es que no tanto. Generalmente cuando uno toma la decisión de irse (por experiencia personal y por lo que escucho de otras personas), se imagina un país extranjero pulcro y super seguro, que le ofrece estabilidad económica, aunque a veces la gente no sabe muy bien de qué se trata. Por lo menos, yo estaba clara de que Canadá pertenece al Commonwealth y por lo tanto su reina es Isabel II, pero no sabía que allá no existen elecciones regulares para la mayoría de los cargos. Las elecciones pueden ocurrir en cierto período sin definir (es decir, no cada 5 años como acá), y hay reelección indefinida para muchos cargos. Hay otros cargos en los que la persona nunca es reelegida, sino que sencillamente es reemplazada cuando renuncia o se muere, como los cargos más altos: primer ministro y gobernador general. Claro, el primer ministro y la gobernadora general no son unos “Chávez” que andan regalando petróleo a diestra y siniestra y destrozando el aparato productivo del país, ni lavándole los cerebros a los niños…
Otra cosa que uno nunca se imagina es lo emocionalmente difícil que va a ser despegarse. Estar lejos de la familia es el primer pensamiento y el más duro hasta el final, pero hay otras cosas de las que no te das cuenta hasta que estás haciendo la maleta. Estuve en Mochima en estos días, y realmente me dolía pensar en lo que extrañaría esto y tantas cosas de mi país una vez afuera. No quería salirme de los arrecifres, porque no sabía en cuánto tiempo podré volver a ver esas bellezas naturales tan increíbles. Incluso siendo una persona que siempre ha estado despegada en algún grado del país –por haberme criado afuera, por estar tan influenciada por mis amistades anglosajonas y por mi deseo de vivir afuera– la verdad es que no es fácil dejar todo esto a un lado. Sé como regatearle a un vendedor, buhonero, o incluso policía de tránsito (un gravísimo crimen en Canadá), me gusta la familiaridad con la que me reciben, las costumbres de las diferentes partes del país, la manera rápida de pensar y calcular las cosas.
Pero estas cosas a veces están nubladas por el pesimismo del emigrante. Uno decide irse, no necesariamente por un cálculo racional de los pro y los contra, sino a veces por ira. Eso lo he sentido de muchas personas que me han hablado sobre su decisión de irse. Yo llegué a sentirlo también. Hubo un tiempo, ya un año después de haber iniciado el proceso de emigración, que no quería saber nada de Venezuela... o para ser más específica, sobre Chávez y la política. Ya no quería estar aquí. Pero les cuento que hagan lo que hagan y se vayan a donde se vayan, este es nuestro país. Muchos de mis compañeros del posgrado me preguntan sobre Chávez y muchos me han dicho que en sus países él es visto como un héroe. No tengo la menor duda de que tendré el mismo tipo de comentario de los profesores o gente en la calle… Así que en vez de ignorar la realidad, me he dedicado a tratar de verlo en una perspectiva mundial. Chávez es parte de una transformación mundial de la manera en que los países están concibiendo su economía, sus sociedades y sus roles en el juego de poder global. Si lo ves así, es fascinante ser parte de esto…

Consejos para quienes piensan inmigrar a Canadá
Quiero aprovechar para darles unos tips a quienes estén pensando en irse. En Canadá hay dos procesos de inmigración: el federal y el de Quebec. El federal es en inglés y el de Quebec es en francés. Parece haber una noción general de que el de Quebec es el más sencillo y corto, pero no es la impresión que yo he tenido hablando con emigrantes en la embajada de Canadá. Hace unos meses conocí a un señor de mediados de sus 30 (todavía joven y elegible para inmigrar), quien hizo el proceso de Quebec y estaba recibiendo la visa luego de 2 años y 4 meses. Hace unos días conocí dos casos de familias (una de ellas también en sus 30 y ella odontóloga- una de las carreras más buscadas allá), que habían hecho el de Quebec a través de unas firmas de abogados y tardaron 4 años en recibir la visa. En cambio, conozco varios casos del proceso federal en el que han tardado 2 años o menos. Claro, toma tiempo, pero piensen que así les da tiempo para pensar las cosas bien. También es un proceso muy costoso, por lo que les recomiendo que lean bien sobre los dos procesos en internet antes de comenzar uno. Por la experiencia de las familias que conté arriba, no les recomiendo abogados. El proceso es relativamente sencillo y TODA la información que necesitan está en internet. No sé dónde pueden conseguir lo de Quebec, pero el federal lo ven en: www.cic.gc.ca
Una importante recomendación es que aunque se vale pedir consejos, no dejen las decisiones en manos de otras personas. En internet hay MUCHO que leer y se lo deben leer todito. Acuérdense que por mucho que tengan en común con otra persona, sólo ustedes saben sobre su condición particular, así que los tiempos, el proceso que les convenga y hasta la decisión de inmigrar o no, debe depender de ustedes y de la información oficial que ustedes recojan de primera mano de estas páginas. No dejen que las experiencias de otros (sin la verificación de ustedes de la información oficial en las páginas) les haga tomar una mala decisión en un tema tan importante. Es el futuro de USTEDES. No el de un abogado (que aparentemente no sirven para mucho), ni el de un pana que se fue, ni el de unos amigos que lo iban a hacer pero les pareció muy complicado, etc.
No hay manera fácil de hacer esto. Es un trabajo arduo y no hay quien responda preguntas. La embajada prácticamente no atiende el teléfono y en persona tampoco los atenderán. Muchas de las cosas las van a tener que hacer según su criterio personal a ver si la “pegan”. Como les dije, la experiencia de otras personas no es siempre el mejor ejemplo a seguir, porque las situaciones pueden variar. Tomen en serio lo del idioma, no sólo para cuando lleguen, sino por la entrevista y para entender todo el papeleo que tienen adelante. Emocionalmente es duro y lo será más al irse, porque hasta lo que se pueden llevar con ustedes será muy limitado por los altos costos de las mudanzas internacionales. Y ahorren que da miedo. En la página verán que necesitan MUCH PERO MUCHO dinero incluso para aplicar solamente, además de los pagos por procesamiento y otros en la embajada. Es algo que tienen que planificar con tiempo porque significa ahorrar mucho dinero. El gobierno canadiense no ofrece subsidio a inmigrantes, así que ustedes van a tener que pagar todo cuando lleguen: alquiler, muebles, mudanza, (en algunos casos seguro médico privado), etc. Es más, para poder aplicar, el gobierno les va a pedir pruebas de que tienen dinero para mantenerse por un año allá. No vale un carro o una moto, tiene que ser dinero depositado en una cuenta (ayuda si tienen una afuera). También estén preparados para trabajar allá en cargos por debajo del nivel al que estaban acostumbrados. A medida que hagan “experiencia canadiense” irán escalando puestos.
En conclusión, el proceso es complejo y requiere una gran inversión de tiempo y dinero. Sin embargo, con manejar bien el inglés y dedicarle el tiempo necesario es algo que se puede hacer incluso sin ayuda de abogados. Si han tomado esta decisión, les deseo muchísimo éxito. No es la decisión más fácil, pero cuando se ha convertido en su sueño para el futuro, es una esperanza muy grande y tenerlo finalmente en la mano es algo que no tiene precio.

lunes, 26 de mayo de 2008

Próximo paso: MBA en Canadá

Hoy por fin me siento libre de contarles algo que he estado guardando por tantísimo tiempo: En Julio me voy a estudiar mi posgrado en Canadá.

Si Dios quiere en Julio comienzo unos cursos previos a mi MBA, en el que pienso especializarme en Mercadeo y Negocios Internacionales, aunque también estoy considerando especializarme en Desarrollo Sustentable. Es una tremenda oportunidad, para la que he trabajado muchísimo y me alegra que además de haber sido aceptada en esta y otras universidades, estoy entrando también con una buena beca.

Pero lo que quisiera hacer en este espacio es contarles por qué me voy…

Primero, no estoy huyendo de Chávez, aunque admito que la situación política del país, así como la delincuencia y las interminables trabas económicas para una pareja joven (precios de apartamentos, alquileres, etc) definitivamente ayudan.

En mi caso – y en el de mi esposo también – vivir en otro país sencillamente siempre ha sido un plan de vida. Yo me crié fuera de Venezuela y me acostumbre a vivir en distintos ambientes y a tener amistades nuevas cada cierto tiempo. Viví en Europa, en una cultura con valores completamente diferentes. A veces los holandeses podían parecer fríos. Pero de ellos aprendí el amor por lo compartido: jardines, aceras, edificios públicos, etc. También aprendí que respetar las normas es algo que sencillamente tiene sentido, más allá de temer una multa. Aprendí también la armonía que existe cuando uno vive sin tantos prejuicios en temas como la homosexualidad, concubinato, maternidad tardía, etc. Aunque es importante decir que los países europeos son increíblemente proteccionistas de su identidad y es triste ver que sólo un par de décadas después temen a los inmigrantes a tal nivel, que Holanda es el país con leyes más estrictas de inmigración en todo ese continente.

Desde hace un par de año siento que terminé un ciclo. Vivir en Venezuela me hacía falta en mi adolescencia. Aprendí a ser “viva”, que aunque parezca algo despectivo y egoísta, también es una habilidad que engloba habilidades tan importantes como la solución rápida y creativa de solución de problemas y la negociación (si no me creen, vean como la gente regatea con los policías cuando los agarran cometiendo una infracción). También aprendí a ser super “pilas” con mis cosas y con mi seguridad, al extremo de la paranoia. Sé moverme en una ciudad donde la vialildad está colapsada, a conseguir direcciones como “la calle frente a la iglesia”, “diagonal al polideportivo”, “de Pelota a La Gata”, etc. La clase de supervivencia en el Metro, particularmente, me preparó para situaciones extremas en cualquier lugar del mundo.

Pero ya ese ciclo se acabó. Siento que necesito que regrese el péndulo, volver a la otra mitad de mí misma. Quizás suene extraño para muchos de ustedes, pero será completamente comprensible para quienes hayan vivido en culturas muy diferentes durante su vida. Por un lado me siento muy venezolana. Entiendo chistes que solo un venezolano entiende. Llamo a un amigo “negro” sin sentir que lo estoy insultando – aunque admito que me tomó varios años para lograrlo. Pero al mismo tiempo veo las contradicciones de nuestra cultura. Es increíble como las mujeres pelean para que las traten como a unas cosas, y de verdad les orgullecer estar “buenas”, mucho más que ser líderes empresariales. La flojera y la actitud de queja del venezolano son proverbiales: hasta los más ricos y con buenas carreras prefieren comprar su plasma que ahorrar, y después culpan al gobierno, el país, etc. de por qué nunca tienen plata para nada.

Desde bachillerato sabía que quería estudiar mi educación superior afuera. Decidí no hacerlo en mi pregrado, pero ahora estoy lista para hacerlo en mi posgrado. Además con una carrera como la de negocios, será un placer vivir en un país donde lo global importa; vivir en Venezuela es estar ahogado en el acontecer del país y no te da chance de pensar más allá de este continuo conflicto político- social. Como me sucedió en Venezuela, quiero aprender nuevas habilidades en esta etapa de mi vida, una nueva manera de relacionarme con los demás y con los problemas.

Pero nunca quiero estar ajena a todo esto. Es verdad que a veces cansa mucho el problema de este país. Es sumamente agotador. Pero además de ser el país y hogar de una buena parte de mi familia y de muchos amigos, también es un país excepcional, con un potencial infinito de desarrollo y cuya situación nos dejará grandes lecciones.

Les seguiré contando más de mis experiencias…

sábado, 22 de marzo de 2008

3 títulos que recomiendo de la literatura estadounidense

Hace unos años comentaba con unos amigos, que a diferencia de muchos venezolanos, yo he leído muchos títulos de literatura estadounidense y europea, muchos más incluso que de autores latinoamericanos. Ellos me pidieron que les recomendara algunos títulos. He decidido compartir esto con ustedes y lo voy a dividir en tres partes: EE.UU., Inglaterra y Francia.
Sin embargo, quiero aclararles que en vez de recomendarles las novelas más famosas de cada país, quiero simplemente recomendarles algunos títulos que realmente me han impactado.
Comienzo con Estados Unidos. En vez de “Moby Dick”, “La Cabaña del tío Tom” o las novelas de Hemingway, quiero recomendarles algunos títulos que realmente siento que reflejan la cultura estadounidense: sus principios morales, conflictos raciales y otros puntos álgidos que explican por qué ellos son como son hoy.

1. La letra escarlata (1850) Nathaniel Hawthorne

La historia, en sus rasgos más sencillos, es bien conocida: una mujer puritana durante la época de la colonia comete adulterio y le obligan a cargar una letra escarlata (la “A” de Adúltera) en su pecho como un castigo. En la más reciente adaptación de cine, con Demi Moore, esta idea básica es torcida por los autores y mezclada con “Las brujas de Salem” para terminar con un fin romántico como tantas películas de Hollywood. Pero en realidad, no recomiendo esta película porque deja a un lado la lección más importante de la novela original: el sentimiento de culpa y de penitencia de la protagonista, Hester Prynne.
A diferencia de los católicos, quienes tenemos siempre la opción de la confesión y la penitencia para redimirnos de nuestros pecados, los puritanos (como otros protestantes) creían que cualquier pecado conducía directo al infierno. La sociedad no perdonaba a nadie, de la misma manera que ellos creían que Dios no perdonaba. No lo hacían por crueldad, sino que veían a los católicos de su época como personas que se burlaban de Dios al cometer todos los pecados que les daba la gana y sentirse perdonados por pagar indultos o rezar algunas oraciones. En la sociedad puritana, no se permitía bailar y las relaciones sexuales sólo se permitían entre parejas casadas y sólo para la reproducción.
El luto era guardado con mucho celo. En esa época de la colonia, cuando eran comunes las desapariciones de las personas en los bosques o en los mares, si un hombre desaparecía, la mujer debía guardar luto por siete años antes de tener una pareja nueva. Esto le pasó a Hester. Su marido, un viejo de creencias muy estrictas con quien se había casado por obligación, desapareció en una misión en una lejana colonia del nuevo mundo. Ella se enamoró del reverendo y terminaron haciéndose amantes. Salió embarazada y causó un escándalo en el pueblo. Su pecado, además de la fornicación (es decir, el sexo por el simple placer de tenerlo) era el adulterio. Todo indicaba que su marido había muerto, pero faltaban años para cumplir los 7 obligatorios para tener un nuevo matrimonio. Para obligarla a confesar el nombre del hombre con quien había pecado fue lanzada a la cárcel embarazada. Pero ella nunca confesó. Finalmente la dejaron salir pero como castigo fue echada del pueblo y obligada a vivir con muchas dificultades en las afueras de esa colonia con su bebé, quien además parecía poseída por el demonio. Ella estaba obligada a ir al pueblo a buscar comida y otros bienes, porque la colonia más cercana en ese nuevo territorio quedaba a cientos de kilómetros. Debía en todo momento llevar la A en ese color del demonio y recibía insultos y piedrazos.
Pero el peor castigo de todo, y lo más valioso de esta historia, es el peso de la culpa y la vergüenza de Hester. Ella sufría por el desprecio de la gente, pero también por el desprecio que ella se tenía a sí misma. Pasaron años y muchos sufrimientos, y ella se convirtió en enfermera y trató a todos con humildad y bondad. Tanta fue su caridad y buen comportamiento, que años más tardes todos la perdonaron y le permitieron quitarse la letra. Pero ella nunca se perdonó a sí misma y siguió viviendo en las afueras del pueblo y con la letra escarlata en su pecho hasta el día de su muerte.
Aunque Hollywood pinte una moralidad muy distinta para el estadounidense, en el corazón de esa cultura existe este sentimiento de estoicismo. Mientras que el venezolano se queja de todo y siente que pase lo que pase va a resolver y conseguir cómo complacerse, el estadounidense es criado en una cultura donde el sacrificio y la autoexigencia son enseñados desde la niñez. Estoy segura de que nadie hoy en día llevaría en el pecho una marca de un pecado, pero si vemos a los estadounidenses, ellos sienten más las decepciones económicas y políticas. Mientras Luscinchi andaba con la Blanca Ibañez haciendo de las suyas en este país a mediados de los 80, una década más tarde, un amorío de Clinton hizo estremecer a la Casa Blanca.

2. Uvas de la Ira (1939) John Steinbeck

Esta es quizás una de las mejores novelas estadounidenses de todos los tiempos. Para una mujer joven venezolana, que no ha visto en Estados Unidos sino un país poderoso y rico, leer esta novela fue una experiencia asombrosa y conmovedora. La novela ocurre durante la Gran Depresión de Estados Unidos. En 1929 explotó una gigantesca burbuja en el mercado de valores estadounidense. Ricos y pobres por igual quedaron en la calle. Presidentes de empresa se suicidaban o vendían manzanas en la calle. Pero en el campo la situación fue peor.
Esta novela cuenta la historia de una familia campesina, que sólo consigue esperanza de sobrevivir si se muda a California, de donde venían historias de prosperidad. Con sólo un carro y algunos peroles se dirigen hacia el oeste. Pero como una historia de un inmigrante ilegal a Estados Unidos hoy en día, ellos sólo pasan dificultades. Lo más maravilloso de este libro son los retratos de las personas que se consiguen, ignorantes pero trabajadores y con sueños. Y siempre existen los vivos y los que los manipulan para enriquecerse, pero al mismo tiempo perpetuan la miseria. Leyendo esto descubrí por qué a los invasores los llaman “squatters”. “To squat” es sentarse en cuclillas. Así se sentaban los campesinos. Al llegar a California no consiguieron la calidad de vida con la que soñaron, sino que tuvieron que crear rancheríos improvisados con pedazos de madera, cartón y latón en territorios invadidos. Morían de hambre y de enfermedad.
No se puede entender a la sociedad estadounidense sin entender este período en su historia. Su obsesión por el dinero viene de su temor por haber caído en una pobreza tan grande. Recordemos que por esos años, un bolívar valía 4 dólares. Pero Estados Unidos logró consolidarse otra vez y sigue siendo el país más rico del mundo…

3. El Color Púrpura (1982) Alice Walker

Los gringos tienen un dicho para la persona más débil de un grupo o de la sociedad “bottom of the food chain” o el menor en la cadena alimenticia. A inicios del siglo sin duda, el escalón más bajo, abusado y despreciado, era el de la mujer negra.
Alice Walker, quien ganó un premio Pulitzer con esta novela, describió a una mujer desdichada como ninguna. Violada por su propio padre, obligada a regalar a los hijos de este incesto y casada con un hombre borracho que le pegaba, Celie tiene una vida peor que la de un perro. Pero aunque parece deprimente en exceso, para mí esta novela es una reafirmación de la fuerza femenina, un ejemplo de la vida de los negros en Estados Unidos y un tributo a la fuerza del alma humana, la cual realmente sí puede salir vencedora a pesar de todo.
Los otros personajes son sencillamente inspiradores: la hermana de Celie, una luchadora como ninguna; su nuera, quien se levanta ante el esposo que le pega; la novia de su esposo, Shug, quien le enseña a disfrutar de su sexualidad y sobre la verdadera imagen de Dios. Celie, como muchos negros, veían a Dios como el hombre blanco y poderoso pintado en las biblias e Iglesias. Aprende de Shug que Dios puede ser un hombre o una mujer negra, la luz del sol sobre el campo o la felicidad que siente al ver el color púrpura…

*************************

No dudo que pueden aprender mucho y disfrutar de otros títulos más célebres de la literatura estadounidense, pero les pido que no se pierdan estos. Quizás no son los primeros que consigan en una librería, pero si los logran leer, estoy segura de que estarán de acuerdo conmigo de que son verdaderos tesoros.

domingo, 17 de febrero de 2008

Comparto con ustedes...

Una de las consecuencias de ser adicta a la lectura es que uno termina lleno de tantos libros, que son más las cajas de libros que de muebles y ropa que uno lleva en una mudanza.

Por esa razón, decidí desprenderme de algunos títulos, que aunque muy queridos, ya tengo que dejar a un lado. Entre ellos está "Lolita" sobre el que escribí una reciente entrada en este blog.

Si quieren ver la lista de libros en inglés, español y universitarios, pueden visitar http://ventaencaracas.blogspot.com/

En el próximo blog, voy a compartir con ustedes 5 títulos de la literatura Estadounidense que me han marcado, y que ustedes deben leer. No son los clásicos de siempre, así que les recomiendo esa entrada.

sábado, 2 de febrero de 2008

El snobismo literario visto desde adentro…

Montar un blog literario (como fue mi intención inicial para este espacio) significa prepararte psicológicamente para una audiencia muy pequeña. Entre este blog y el Facebook de alguna surfista de Cuyagua, no tengo la menor duda de que el segundo acapara una audiencia a la que yo no puedo ni comenzar a aspirar.
No es secreto que la literatura, el negocio de los libros de ficción o de no ficción y la lectura en general están en declive. Y es que cada día entran más medios de entretenimiento a competir por el tiempo y el dinero de la gente. Si pensamos lo que sucede con el cine, que a pesar de que ha creado los íconos culturales más importantes de nuestros tiempos y de contar con una interfaz sumamente divertida (video enriquecido con efectos especiales), está en declive, no sorprende que un medio que requiere tanto tiempo, imaginación y –lo impensable para el concepto de entretenimiento de nuestros tiempos– esfuerzo mental, esté de mal en peor. Sólo nosotros, los adictos a la lectura, que sin pensar dos veces rechazamos la TV por una buena novela, y que no concibimos nuestra vida sin un libro de cabecera, podemos comprenderlo. Para los demás leer no tiene mucho sentido y menos si ya hicieron la película basada en el libro.
Pero incluso entre quienes leen, bien sea continuamente como esta servidora o esporádicamente, existen grandes diferencias. Pero la raya más significativa está entre los que leen best sellers y los libros de autoayuda que son el último grito de la moda y la mercancía de los buhoneros de las autopistas, y quienes desprecian este tipo de libros y prefieren leer clásicos o a los autores menos comerciales. Admito que la mayoría del tiempo yo pertenezco al segundo grupo. No lo hago por despreciar a títulos como "Harry Potter" o "Los hombres son de marte…", sino porque siempre he leído otro tipo de libros. Desde muy joven mi educación y la influencia de amigas como yo (evidentemente la minoría de la juventud hoy en día) me llevó a leer en mi adolescencia libros como "La letra escarlata", "Ana Karenina" y "Los Miserables". Hace varios años, una jefa me dijo que ella admitía ser una "Snob literaria". "A los veinte años había leído a todos los rusos", me dijo.
Yo creo que en todo en la vida los extremos nunca son buenos. Aunque siempre prefiero a Hemingway, Victor Hugo o Tolstoi antes que a Isabel Allende, admito que ya he leído cuatro libros de esta última autora. Aunque ella cae en lo repetitivo con sus narraciones y su especie de neo "realismo mágico", tiene un ritmo realmente delicioso, por lo menos en sus primeras novelas como "La casa de los muertos". Ahora precisamente leo "El Zorro" y aunque no es digno de un premio Pulitzer, es profundamente entretenido y se nota la madurez de una autora que ha pasado años perfeccionando personajes y aprendiendo sobre nuevas culturas.
Yo trato siempre de colar un libro Best-seller entre todo lo que leo. Me parece que evitar libros populares como "El Código da Vinci" es como esconderse del mundo y la época en la que vivimos.
La verdad es que la lectura es cuestión de gustos. Si usted está satisfecho con National Geographic o prefiere leerse "El Decamerón", todo es aceptable. Ahora, luego de confesarme una medio snob literaria, quiero explicarles por qué prefiero libros clásicos y por qué aunque leo frecuentemente novelas más comerciales las comento muy poco en este espacio.
Para mí, un buen libro es uno que estimula tu mente. No me refiero a esos que te ponen a pensar demasiado y te embotan. Para serles francos leo muy poca filosofía, especialmente de los alemanes porque ese tipo de tratados tan densos se sienten como si estuviera trabajando o haciendo tareas. Aunque evidentemente algo se tiene que entender de éstos, así sea de una fuente secundaria, para comprender lo que uno lee … especialmente si como yo, les encantan libros del siglo XIX. Pero sí es verdaderamente gratificante que un libro te hale, te inmerse en un contexto completamente y haga que incluso te pongas a ver paralelos con la vida real.
"Los Miserables", un libro tan nombrado por Chávez, es un ejemplo de esto. Es increíblemente largo y en muchas partes lento. Dedica unas 100 páginas a describir con detalle la Batalla de Waterloo. Pero con paciencia y quizás lectura rápida en estos capítulos, es una de las novelas más grandiosas que se ha escrito sobre la naturaleza humana. Es un caso práctico del Catolicismo. Los personajes son icónicos e inolvidables: Jean Valjean, un hombre que pasa 19 años presos por robar un pedazo de pan para su familia hambrienta; un cura que al ser robado por Jean, en vez de denunciarlo, le termina de regalar toda la plata que le queda para "comprar su alma para Dios"; una mujer que se prostituye al ser despedida de su trabajo porque descubrieron que era una madre soltera y como tal un "mal ejemplo" para sus colegas; niños y adolescentes que viven en la calle sin un lugar decente donde comer o dormir.
Mi consejo para quienes leen constantemente libros como "El caballero de la armadura oxidada", "Sopa de pollo para el alma" y cualquier título de Paulo Coelho, es que se atrevan a probar un título que les exija un mayor compromiso. A diferencia de estos best sellers, que les dan todo lo que tienen que saber ya dijeridos, con asociaciones fáciles de entender hasta para un colegial y puros mensajes bonitos, un buen clásico perturban su curiosidad y los ponen a reflexionar sobre su vida.
Para cualquier madre recomiendo "Ana Karenina". Como ruso al fin Tolstoi puede ser lento. Tengan en cuenta también que leer un libro escrito en otra época significa adaptarse a una manera de pensar y comunicarse diferente a la de ahora. Antes la gente no tenía autopistas, internet a alta velocidad ni jornadas laborales como las de ahora. Nadie tenía estrés ni se la pasaba apurado. Ellos sentían placer en hablar lentamente y disfrutar cada detalle. Por eso leer una novela que tenga más de unos 50 años significa tener paciencia. Hasta Hemingway, que luchó por una literatura libre de adjetivos, es sorprendentemente descriptivo. Pero con paciencia verán una diatriba de una madre: hijos versus aventuras y romances propios.
Si quieren saber mi idea de lo que es un buen libro, comiencen por las primeras páginas. Si hay una descripción detallada del personaje en las primeras páginas sin ninguna razón aparente, entren en sospecha. Eso me pasó con el "Código Da Vinci". En la primera página describen al personaje como alguien parecido a Harrison Ford. Si describen al personaje principal como alguien muy atractivo olvídenlo. Ahora, los libros de más calidad literaria usan la descripción no como las indicaciones al director de casting, sino cuando son realmente necesarias. Este es el caso, por ejemplo, de "El Jorobado de Notre Dame". El hecho de que Quasimodo sea tan feo y deformado y Esmeralda tan hermosa es imprescindible para la historia. Admito que yo leí el "Código Da Vinci" libro y lo disfruté bastante, pero mentalizada de que de ahí no iba a salir ninguna gran reflexión. Incluso el controversial tema central es expuesto con "pruebas" muy pobres, y para entenderlo bien hay que ver uno de los documentales de Discovery.
La pobreza del vocabulario es otra señal de alarma. Admito que da pereza leer con un diccionario al lado, pero si leemos las mismas palabras de siempre, ¿cómo vamos a enriquecer nuestro vocabulario? Aunque entiendo que muchas de las nuevas generaciones son felices con un léxico de unas 100 palabras…
********
En ediciones futuras compartiré con ustedes algunos títulos que pueden servir a quienes se quieren entrar en el mundo de los snobs literarios ocasionales. Específicamente, les comentaré sobre unos libros de la literatura norteamericana que me parecen imprescindibles para entender a los estadounidenses como cultura.

sábado, 26 de enero de 2008

¿Vendrá el cambio en EE.UU.?

Los medios estadounidenses y los del mundo entero están obsesionados con un nuevo tema: las elecciones preliminares en Estados Unidos.
Para nosotros los venezolanos, este tipo de elección no tiene sentido. Aquí los partidos escogen su candidato y punto. En el caso de Chávez, la carreta va antes que el caballo: los partidos se forman a partir del candidato... de ahí los numerosos partidos recientes que siguen a Chávez. La verdad es que visto desde afuera parece un circo mediático... celebridades (los candidatos) y medios obsesionados por cada detalle (desde las lágrimas de Hillary insulto que van y vienen entre ella y Obama).
Pero lo que es realmente interesante es que esta elección presidencial estadounidense promete un cambio, o por lo menos la esperanza del cambio. Los presidentes estadounidenses han sido por tradición hijos de la más alta élite económica de ese país. Todos blancos, educados en universidades como Yale y con una fortuna de cuna. Un Chávez estadounidense es sencillamente impensable.
Y este año, por primera vez, las dos personas con más posibilidades de convertirse en mandatarios del país más poderoso del mundo pertenecen a la minoría. Uno es un hombre negro, y la otra una mujer ( blanca). Ambos son senadores, y por tanto vienen de acumular fortuna y de pertenecer a la élite política de ese país, por ser miembros de uno de los dos partidos más poderosos de USA, el Partido Democrático. En ese país, sólo tienen verdadera posibilidad de ganar los partidos Demócrata y el Republicano. Los demás son de adorno. No es que los venezolanos podamos criticar mucho, considerando que hoy en día por más partidos que tengamos siempre ganará el MVR...
Pero por más que existan esperanzas de cambio, yo me siento escéptica sobre la dirección que tomará el gobierno estadounidense después de noviembre de este año.
A pesar de que los candidatos que tienen más posibilidades de ganar, Hilary Clinton y Barack Obama, son de minorías, veo en ellos señales de lo mismo de siempre.
En lo que parece ser el amanecer de una recesión estadounidense (y posiblemente mundial), ellos han enfocado sus campañas hacia ventajas para los más pobres de ese país. Prometen una reforma del seguro social, pero sin mayores detalles.
¿Tendrán las agallas para eliminar el sistema de seguros de salud privados y cambiarlos por un sistema de salud público? Aunque en Venezuela esto sería impensable por la eterna ineficiencia de las instituciones públicas y ahora por la ideologización de absolutamente todo lo que toca el gobierno, no tiene sentido que en un país como Estados Unidos dejen morir a su propia gente como unos perros.
Admito que los documentales de Michael Moore exageran un punto de vista y no tienen nada de objetividad. Pero su video sobre el sistema de salud de EEUU está en lo correcto. ¿Cómo puede la economía más poderosa del mundo tratar a su gente como basura?
Sin seguros privados los botan a la calle como a unos perros. La economía y todas las leyes que rigen las relaciones laborales, los impuestos y los derechos civiles hacen que los empleados, y los menos poderosos sean completamente débiles frente a empresarios ricos. Claro que cuando los necesiten para que consuman como locos para costear una economía industrial dependiente del consumo interno (o en campañas electorales) salen como príncipes azules a su rescate. Me remito al paquete de emergencia acordado por el ejecutivo y el Congreso de Estados Unidos esta semana, con el que devuelven dinero de impuesto a los estadounidenses con la esperanza de que gasten como unos locos y así detengan las pérdidas de las fábricas estadounidenses.
La verdad es que viendo como ellos tratan a sus propios ciudadanos (y a los consumidores de los que tanto dependen) me pongo a reflexionar en los siguiente: si tratan tan mal a su gente, ¿no es natural que traten tan mal a los inmigrantes que mantienen costos bajos en trabajos de jardinería, impermeabilización, agricultura, etc? Si tratan tan mal a los suyos, es sólo natural que boten del país a las personas que hacen los trabajos que los mismos estadounidenses se nieguen a hacer.
Inicialmente, esperaba que estos candidatos tuviesen la consciencia social de enfrentar problemas como el de la inmigración ilegal. Pero a estas alturas, después de ver los empresarios poderosos que apoyan las candidaturas de Clinton y Obama, y los temas de sus debates, temo que será el mismo musiú con diferente a cachimba...
Esperemos por el bien de Estados Unidos (y los demás países que tanto dependemos de su economía) que no sea así...

lunes, 21 de enero de 2008

Piedras de tranca... para nosotros mismos

Hola amigos... Regreso después de varios meses, pero vengo con mucha energía para compartir con ustedes muchos más blogs de literatura, actualidad y asuntos de la vida cotidiana. Próximamente estaré publicando un blog sobre el matrimonio y la pregunta que nos hacemos más y más personas cada día: ¿está llegando a su final? Pero primero quiero revisar con ustedes el caso de Pico y Placa y cómo este es un ejemplo perfecto de la manera en que los mismos venezolanos obstaculizaoms el desarrollo de nuestro país.

----------------------------------------------------------------------------------------------

Mientras que la Alcaldía de Baruta espera la respuesta de la Corte Segunda en lo Contencioso Administrativa del TSJ - la misma que ordenó suspender Pico y Placa a finales de noviembre - sobre las 25.000 firmas a favor del plan, me pongo a considerar cómo la actitud caprichosa y egoísta que tenemos los venezolanos se ha convertido en un obstáculo tan grande para el desarrollo del país como la corrupción y la ineficiencia de las instituciones.

La suspensión de Pico y Placa ha causado colas tan largas, que personas de todos los oficios y niveles económicos del municipio están aclamándolo. He visto camionetas de pasajeros en el pueblo de Baruta con el mensaje "Pico y Placa ya" escrito con pintura en spray en sus ventanas.

Pero lo triste no es que un tribunal controlado por el gobierno chavista decida en contra de uno de los proyectos banderas de un Alcalde opositor. Lo triste es que esta decisión surge como respuesta de una medida de amparo hecha por un vecino de Baruta.

La acción de este abogado prueba cómo a veces los mismos ciudadanos son las piedras de tranca para nuestro propio bienestar en este país. En vez de cooperar y trabajar en conjunto para lograr el cambio, reina el egoísmo y la malcriadez.

En las colas, muchos carros se van por el hombrillo, creando mucha más cola al incorporarse más adelante. Pero en vez de pensar en el bien colectivo, piensan con egoísmo en llegar primeros. No importa si el país se caiga, no importa nada. No importa lanzar un papel, vaso o botella de cerveza por la ventana. No importa ensuciar las playas y nuestros paisajes naturales que pueden ser sustento de nuestro país por siglos después de que se acabe nuestro petróleo. Sólo importa este momentito, esta excepción, yo, yo, yo.

No puede haber progreso en el seno del egoísmo. ¿Cómo podemos exigir un gobierno más honesto y eficiente, si quebramos todas las leyes que queremos cuando nos da la gana? ¿Cómo podemos exigir a los gobernantes mejores condiciones de vida, incluídas las de vialidad, si obstaculizamos una de las muy pocas medidas que se han hecho para solventar este problema en décadas?

No se puede exigir sin sacrificar. Si para disfrutar de cuatro días de menor tráfico y tener más minutos de sueño o de tiempo para desayunar en familia tenemos que madrugar el quinto o tomar el autobús, hay que hacerlo. Es verdad que el transporte público no ha mejorado desde el comienzo de Pico y Placa, pero es nuestro trabajo presionar para que eso se logre. Si escribiendo individualmente a la Alcaldía no es suficiente, vamos a agruparnos en Asambleas de Vecinos para presionar al municipio a darnos una solución. Vamos a organizarnos en nuestras oficinas y vecindarios para formar car pools. Imagínense contar con dos o tres vecinos a la semana que nos lleven en sus carros los días que no podemos salir. Imagínense salir y conversar con ellos, en vez de andar amargados y pasando ronchas solos en nuestro carro.

Estoy cansada de escuchar a tantos venezolanos hablar como si no existieran soluciones en este país. Peor todavía es oír a quienes dicen: "¿Cuándo llegará un gobierno que arreglará todo esto?". Pues les cuento que nunca llegará. Los cambios los podemos hacer nosotros y deberíamos aprovechar la Constitución chavista y sus propios ornismos de organización comunitaria (como los Consejos Comunales) para hacerlo.

Se acabaron las quejas. Hagamos algo al respecto.