Este nombre, que se ha convertido en un título popular para artículos y reportajes sobre los aliados “anti-imperialistas” de Chávez, es en realidad una novela de la que pocas personas parecen conocer su existencia.
Se trata de una obra escrita a finales del Siglo XVIII por Choderlos de Laclos, un militar frustrado y según dicen los estudiosos un esposo fiel, que revolucionó a su generación con esta historia llena de erotismo, seducción, intrigas y venganzas.
Cuando decidí leerla, me preparé psicológicamente para un texto que estaba segura que tendría un lenguaje recargado y arcaico. Además escogí la versión publicada por El Nacional en su colección de Gran Clásicos de la Literatura, la cual en su introducción asegura que usa la primera traducción de la novela, la cual data de principios de los 1800s. Pero sorprendentemente me ha parecido una lectura sencilla y amena, que por su historia y lenguaje es más íntima que algunas novelas del Siglo XIX y principios del Siglo XX.
Su historia se ha dado a conocer en dos películas de la década de los 1990: “Dangerous Liasons” (Amistades Peligrosas) y “Cruel Intentions”. La primera contó con las actuaciones de Glenn Close, John Malkovitch, Michelle Pfeifer, Uma Thurman y Keanu Reeves. Es la versión de época y bastante fiel a los hechos. La segunda es una versión moderna de la historia pero también sigue bastante bien las líneas generales del relato con Sarah Michelle Geller (Buffy, La Cazavampiros), Reece Witherspoon y su ex esposo Ryan Phillippe.
La historia que cuentan en general es la de las intrigas que uno puede ver en cualquier serie gringa o telenovela: una mujer poderosa que tiene numerosos afairs pero obliga a sus amantes a mantenerse callados para mantener su buena reputación (la Marquesa); un vizconde que se dedica la vida a seducir a todas las mujeres que le pasen al frente; una mujer muy virtuosa y enamorada de su marido que se ha convertido en la torre de marfil para el vizconde; una jovencita ingenua que usará la marquesa para vengarse de un amante que la ha dejado plantada; y un joven músico que se enamora de la jovencita ingenua y es igualito de soso que ella, y por lo tanto un peón de los planes de la marquesa y el vizconde.
Voy a dividir mi impresión en dos partes: la primera, sobre el juego de amor y amantes, donde más que querer y disfrutar de la pasión, el fin último era clavarle una daga en la espalda al otro y la segunda, sobre lo que más he disfrutado y recomiendo de este libro: las cartas.
Amor: cálculo y estrategia
En su época, esta intriga para seducir y destruir a alguna mujer, manipular a los hombres, jugar con todos, causó gran escándalo, aunque en realidad no hacía más que plasmar en papel una realidad social. Para las personas de clase alta y especialmente los nobles, tener amantes era algo bastante común, aunque la discreción era esencial para mantener los rumores al mínimo. Los roles estaban divididos claramente: el matrimonio era una figura para amasar fortunas y procrear, mientras que la pasión y el romance era el papel del amante. En la Francia del Siglo XVIII esto era verdad tanto para el hombre como para la mujer. La segunda era tan vigilada de joven por sus padres (y generalmente casada a una edad tan temprana) que no obtenía la libertad para tener amantes sino hasta después del matrimonio.
Es decir, cada cosa tenía su lugar, momento y persona, todo el contrario de lo que sucede ahora. Dado que en la mayoría de la cultura occidental la infidelidad es motivo de divorcio, para mantener su unión los esposos tienen que cumplir todos los roles anteriores y agregar unos cuantos. No es sorprendente que muchos matrimonios terminen en terapia cuando su supone que uno debe ser compañero, confidente, mejor amigo, madre o padre, enfermero o enfermera, excelente amante, etc.
Pero la cosa para estos personajes que describe Choderlos de Laclos tampoco es tan fácil. Este estilo de vida libertino, que nació con Luis XIV, había llegado al colmo de la complejidad y la malicia para esta generación (que años más tarde terminaría en la guillotina). El fin del hombre, más allá de seducir a las mujeres y disfrutar del placer sexual era destruirlas. El macho más macho era el que había destruido la reputación de más mujeres enamorándolas y comprometiéndolas. El de la mujer era disfrutar del placer sexual y del romance, con uno o varios hombres, pero sin perder su reputación. Es decir, era un juego parecido a esos del azar que tanto le gustaba a esta gente.
Mi conclusión es que esta gente no tenía oficio y si tuviesen las responsabilidades maritales de nuestra generación y ni hablar de las obligaciones con él o los trabajos, estudios universitarios o de postgrados, niños malcriados que no puedes dejar en cuidado de una nana porque no te da la quincena, etc., olvídate que no tendrían tiempo de mantener más de una relación amorosa a la vez. Claro, hay que recordar que los personajes de Laclos son nobles en su mayoría o la alta burguesía que tenía bien delegado su trabajo y de verdad pasaban su día sin hacer nada. Por eso se lo pasaban unos en casas de otros por temporadas completas. ¡Qué vida tan dura!
La intimidad de las cartas
Lo que más me ha impresionado de leer un libro del Siglo XVIII es ver lo íntimo y sencillo que es el lenguaje. He leído muchos libros del Siglo XIX, de los cuales la mayoría son Romanticistas. Los Romanticistas (“Cumbres Borrascosas”, “El Jorobado de Notredame”, “El conde de Montecristo”, etc) son historias de amor más allá de la muerte. Los amantes son personas con defectos, generalmente divididos por la muerte, pero el amor trasciende todo. Es decir, inspiraciones de las telenovelas de hoy. Muchas de ellas son narradas en primera persona para lograr más cercanía con el lector.
Pero para serles francos, en ninguno de éstos había sentido la intimidad que tiene “Las Amistades Peligrosas”. Una razón de esto es que son cartas. Uno siente la amistad cercana y hasta conspiración entre el vizconde y la marquesa que es mucho más real y cercano que cualquiera de las historias de amor imposible de los Romanticistas. Y a diferencia de ellos, estas historias no son tan fantásticas y lejanas, sino que parecen a las intrigas amorosas y chismes que uno escucha en cualquier peluquería. Su manera de referirse al enamoramiento y a la sensualidad es casi tan franco como el que uno escucha en cualquier programa de televisión. El sarcasmo y la burla es tan ácido como el de Jack y Karen en “Will and Grace”.
Yo creo que aunque casi todas las personas se enamoran en algún momento de su vida, son definitivamente muy pocos los que viven el amor como Catherine y Heathcliff en “Cumbres Borrascosas”. Yo amo a mi esposo profundamente, pero definitivamente no me veo vagando los lugares donde estuvimos juntos como un fantasma hasta la eternidad, sólo por estar con él. Ustedes me entienden. En cambio, cualquiera que haya sido o haya conocido a un adolescente de esos bien machistas conoce de sobra la labia que están dispuestos a usar para acostarse con una chica. Y saben más todavía que aún sin haberlo logrado se jactan de esto con cualquier persona que les pase al frente.
En conclusión, creo que este libro es recomendable para casi cualquier persona, dado que su lenguaje, estilo y temática son sencillos de comprender, pero a la vez la picardía, la malicia y las intrigas hacen que esta historia de amor y romance no sea cursi para nada.
Esta novela está incluida en el texto “Libros: Todo lo que hay que leer” de Christiane Zschirnt. Este libro está dividido por temas, y “Las Amistades Peligrosas” está incluida en la sección sobre el Amor en la literatura. Les recomiendo este texto y los comentarios sobre él que realmente están muy acertados.